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El Partido Liberal de Justin Trudeau ganó las elecciones federales de octubre de 2019, y formó un gobierno minoritario que se mantiene en el cargo. Sin embargo, como los liberales han perdido apoyo en el oeste de Canadá, las relaciones con los gobiernos provinciales dirigidos por el Partido Conservador seguirán siendo tensas, especialmente en Alberta. Las normativas son todavía muy diferentes en las diferentes provincias del país, lo que obstaculiza el comercio interprovincial.

La pandemia del COVID-19 sigue dominando el entorno político y empresarial de Canadá. La pandemia ha provocado una fuerte contracción económica, compensada en cierta medida por las ayudas fiscales del gobierno. No obstante, la pandemia tendrá repercusiones económicas y políticas a largo plazo, como por ejemplo, un mayor control de las inversiones extranjeras. Según el FMI, el PIB real de Canadá disminuyó un 5,4% en 2020, aunque se espera que la economía crezca un 5% en 2021. El Banco de Canadá se mantendrá al margen por el momento, manteniendo el tipo de interés oficial en el 0,25% (tras bajarlo un 1,25%), ya que el Consejo de Gobierno sigue advirtiendo de algunos riesgos que amenazan al crecimiento. Las proyecciones actuales sobre el COVID-19 prevén un descenso de las infecciones a finales de abril de 2021, tras haber experimentado otro pico (IHME).

Aunque con un ligero retraso, los principales partidos acordaron aprobar un paquete económico de emergencia de 82.000 millones de dólares canadienses (58.000 millones de dólares estadounidenses) a causa de la epidemia del COVID-19. Los responsables de política económica han señalado que la economía canadiense se está recuperando con la desescalada y la flexibilización de las restricciones impuestas contra el coronavirus, y gracias al apoyo de los programas gubernamentales de compensación y subvención salarial.  Según los responsables políticos, a medida que la economía pase de la reapertura a la recuperación, seguirá necesitando un apoyo extraordinario de la política monetaria. 

La pandemia se ha concentrado, en gran medida, en las provincias de Ontario y Quebec, especialmente en ciudades importantes como Toronto, donde FCC mantiene una operación reducida, y Montreal. En todo el país, las residencias han acumulado una elevada proporción de muertes relacionadas con el COVID-19, lo que ha dado lugar a peticiones de reforma. Sin embargo, durante el pico inicial, el sistema sanitario canadiense funcionó adecuadamente, y sólo tuvo problemas aislados de capacidad. A mediados de 2020, todas las provincias y territorios volvieron a abrir gradualmente con el fin de los confinamientos y de otras restricciones que habían suspendido la mayoría de los negocios no esenciales y los viajes interprovinciales en todo el país. Las provincias reabrieron a ritmos diferentes, pero es muy probable que haya nuevas restricciones para contener futuros brotes de COVID-19 (pulse aquí para consultar información actualizada sobre el COVID-19). La aceleración de los casos en el país vecino, EE.UU., aumenta la probabilidad de que las restricciones fronterizas de Canadá se extiendan a lo largo del año. En comparación con los Estados Unidos, el número de casos por cada 100.000 habitantes es mucho menor, al igual que la tasa de mortalidad. 

La brusca caída de los precios mundiales de la energía como consecuencia del COVID-19 amenaza al sector energético canadiense -en particular a las arenas bituminosas-, el cual tiene unos costes de producción relativamente altos. Los precios del petróleo canadiense se recuperaron tras una breve caída en abril de 2020, pero siguen estando por debajo de los niveles necesarios para sufragar algunas de las nuevas inversiones en las fases de producción y comercialización. La prolongación de unos precios bajos, como consecuencia de la recesión económica mundial, también mermará los ingresos fiscales provinciales y federales. La provincia de Alberta tenía previsto levantar los límites de producción -en vigor desde 2018- a finales de 2020, al disminuir las limitaciones de los oleoductos de exportación.

La crisis de la COVID-19 había desplazado un conjunto de problemas internos que han empezando a resurgir con la reapertura del país. Entre ellos, el malestar social relacionado con los derechos de los indígenas y las cuestiones medioambientales, las tensas relaciones bilaterales con China, las compensaciones políticas entre el cambio climático y la energía, y las tensiones entre el gobierno federal y los gobiernos provinciales. En febrero de 2020, los bloqueos ferroviarios por parte de activistas medioambientales e indígenas interrumpieron el transporte de pasajeros y mercancías, pero su impacto económico fue a corto plazo. Asimismo, también existen riesgos moderados de complots yihadistas y de protestas por parte de los partidarios de Black Lives Matter en las ciudades, junto con activistas indígenas y de izquierda que atacan proyectos de recursos naturales.

La relación de Canadá con EE.UU. -su mayor socio comercial, principal aliado en materia de seguridad y allegado cultural- es la variable externa más significativa de su entorno político (ahora también por el COVID-19). Canadá está muy expuesto a la economía de su país vecino, y ambos países comparten una extensa frontera. Con la llegada de la pandemia en marzo de 2020, se restringieron los viajes y actualmente sólo se permiten los viajes esenciales. Además, el nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá (USMCA), que sustituye al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), de 25 años de antigüedad, entró en vigor el 1 de julio de 2020, aliviando el riesgo comercial en la región. Para saber más sobre los cambios que conlleva el nuevo acuerdo comercial, visite la ficha oficial publicada por la Oficina Ejecutiva de Estados Unidos.

Político

Canadá es una democracia parlamentaria federal con una monarquía constitucional, y es fundamentalmente estable a nivel político, tanto en el ámbito nacional como en el provincial. El Estado de Derecho está arraigado, las instituciones son sólidas y la política se desarrolla de acuerdo con las normas y procedimientos establecidos. La mayoría de los canadienses aprueban las respuestas de las instituciones federales y provinciales a la COVID-19, lo que favorece la estabilidad política interna. En particular, los altos niveles de apoyo al primer ministro Justin Trudeau y al gobierno federal minoritario de los liberales -incluso en las provincias occidentales- reducen la probabilidad de inestabilidad política en los próximos meses. 

Aunque los liberales sufrieron pérdidas en todas las regiones del país en las últimas elecciones federales, la mayor derrota fue a manos del Bloc Québécois en Quebec, un partido nacionalista separatista y de izquierda que lleva tiempo reclamando la independencia total de Quebec. Sin embargo, en un sondeo realizado por la CBC a finales de 2016, el 82% de los encuestados de Quebec estaban de acuerdo con la afirmación: "En última instancia, Quebec debería permanecer en Canadá". Como consecuencia, el partido Bloc parece aspirar a una mayor autonomía, más que a un proceso de secesión. 

Las relaciones exteriores de Canadá son en general estables y positivas, aunque su relación con EE.UU. ha sufrido tensiones debido a disputas comerciales y otras políticas. Los riesgos de corrupción son bajos, y la aplicación de las leyes anticorrupción y de transparencia se está fortaleciendo. 

Una investigación gubernamental sobre la corrupción y el crimen organizado en la industria de la construcción de Quebec entre 2011 y 14 puso de manifiesto importantes variaciones provinciales y municipales en el riesgo de integridad. Además, desde principios de 2019, el gobierno federal se ha visto envuelto en un escándalo relacionado con un supuesto trato de favor a empresas de importancia política. Además, aunque las empresas nacionales son relativamente limpias, las empresas canadienses se han visto implicadas en transacciones corruptas en el extranjero, especialmente en los sectores de la minería, la ingeniería y el transporte. En septiembre de 2018, Canadá promulgó legislación para instituir un esquema de Acuerdo de Enjuiciamiento Diferido (DPA) para el fraude, el soborno y otros delitos corporativos. 

Canadá está considerada una Democracia Plena en el Índice de Democracia 2020, elaborado por la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU), donde el país ocupa el puesto 7 de los 167 países puntuados.

El país ocupa el puesto 13 en el Índice de Desarrollo Humano 2019 elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Operativo

El entorno empresarial de Canadá es transparente, predecible, honesto y equitativo, con un poder judicial independiente, aunque en 2020 el Banco Mundial volvió a reprochar a Canadá la relativa lentitud de sus procesos judiciales. El entorno operativo es favorable a las empresas y atrae importantes inversiones, aunque está muy regulado y siguen existiendo restricciones medioambientales en materia de energía y minería. Es probable que los obstáculos normativos se agraven debido al imprescindible apoyo del NDP al gobierno liberal de Macron. 

La economía canadiense se basa en el sector servicios (alrededor de dos tercios del PIB), y el consumo de los hogares representa el 60% del PIB (una de las principales preocupaciones macroeconómicas de Canadá, agravada por la recesión económica y el aumento del desempleo, es el excesivo endeudamiento de los hogares, alimentado en gran medida por los precios de la vivienda). Los sectores más importantes son el inmobiliario (alrededor del 13% del PIB), la industria manufacturera (10%), el petróleo, el gas y la minería (9%), los servicios financieros (7%), la sanidad (7%) y la construcción (7%).

El mercado laboral es relativamente flexible y depende en cierta medida de la inmigración, con tasas de sindicalización relativamente altas en algunos sectores. Esta importante actividad sindical, junto con las protestas de los grupos autóctonos, puede perturbar las operaciones.

La expansión de los oleoductos y gasoductos que atraviesan o terminan en zonas sensibles desde el punto de vista medioambiental ha suscitado una creciente controversia. Aunque el apoyo a esos proyectos sigue siendo fuerte en las Prairies, la oposición procede del resto del país, como en British Columbia, como se vio en las protestas de la Primera Nación Wet'suwet'en en febrero de 2020. La naturaleza federal-provincial del gobierno conlleva niveles muy altos de complejidad burocrática.

La disponibilidad y la calidad de las infraestructuras es en general suficiente. No obstante, y aunque las carreteras primarias y secundarias suelen estar en buen estado, las nevadas invernales pueden dificultar la conducción, sobre todo para las personas no acostumbradas a dichas condiciones climáticas. Las carreteras, incluidas las principales, pueden cerrarse en caso de tormentas de nieve o avalanchas, y los coches deben estar equipados con neumáticos de nieve si se viaja por el país en los meses de invierno. El transporte público y los taxis son seguros en todo el país. Sin embargo, las tormentas de nieve provocan regularmente retrasos y cancelaciones de vuelos, así como otras interrupciones en el transporte.

Canadá ocupa el puesto 23 de 190 países calificados en el Índice Doing Business de 2020 del Banco Mundial y el 12 de 198 en el Índice de Percepción de la Corrupción de 2020 de la organización Transparencia Internacional.

Seguridad

Canadá se enfrenta a amenazas de seguridad interna y externa moderadas - como el terrorismo extremista islamista, el malestar social esporádico y los focos de delincuencia violenta-,  que no suponen una amenaza significativa para las operaciones comerciales habituales. 

A pesar de los problemas que suponen el tráfico de personas y drogas y las actividades de las bandas de delincuencia organizada, Canadá sigue siendo un país de perfil bajo con respecto al riesgo de delincuencia. Como compartió Statistics Canada (2019) en 2018, los delitos denunciados por la policía (medidos tanto por la tasa de criminalidad como por un índice de gravedad de los delitos) han disminuido un 17% en la última década; y los delitos contra la propiedad han disminuido un 19% en el mismo periodo. Las provincias y territorios con mayor delincuencia fueron Nunavut, Yukón y los Territorios del Norte.

Existe un cierto riesgo de ataque a bienes comerciales y policiales por parte activistas medioambientales, defensores de los derechos territoriales de los indígenas, grupos anarquistas y grupos de extrema derecha. La mayor parte de la desobediencia es generalmente pacífica, aunque pueden producirse destrozos en la propiedad privada y gubernamental durante protestas a gran escala. Los ecologistas están cada vez más preocupados por el desarrollo de los proyectos de arenas bituminosas, y han presentado numerosos recursos legales e iniciado protestas. La probabilidad de que se produzcan estos disturbios es cada vez mayor debido a la mayor concienciación medioambiental del público, como se vio en las protestas de las Primeras Naciones y de los ecologistas a nivel nacional de febrero de 2020. Estas protestas son fomentadas por las acciones del grupo de protesta ecologista internacional Extinction Rebellion, ahora activo en la mayoría de los principales centros urbanos de Canadá. Sin embargo, aunque ocasionalmente se produzcan alteraciones, los disturbios sociales -especialmente los violentos- son infrecuentes.

A pesar de que existen disputas con numerosos países sobre la soberanía marítima y los recursos, los riesgos de conflicto armado son muy bajos. Al margen de la creciente militarización del Ártico, región en la que Canadá tiene un interés primordial, la probabilidad de que se produzca una guerra en suelo canadiense o cerca de él es baja. Como parte de un compromiso con una política exterior más asertiva, en 2017, Canadá anunció un aumento de 62.000 millones de dólares canadienses (44.000 millones de dólares estadounidenses) en gastos de defensa para modernizar su ejército. Sin embargo, en las elecciones de octubre de 2019, las cuestiones de seguridad nacional estuvieron ausentes del debate nacional.

Aunque limitados, los riesgos de terrorismo provienen tanto de los actores de la derecha como de los yihadistas. En particular, Canadá se enfrenta a una amenaza persistente pero baja de terrorismo islamista, actualmente impulsado por actores domésticos relativamente poco sofisticados. La actividad yihadista es poco frecuente, pero actores solitarios inspirados por grupos militantes islámicos han llevado a cabo atentados en el Parlamento en 2014 y en Toronto en 2020. Se han producido ataques similares por parte de actores solitarios de derechas, como los ataques con armas de fuego contra agentes de policía en Nuevo Brunswick en 2014 y contra asistentes a una mezquita en Quebec en 2017, seguidos de un ataque sin precedentes de embestida de vehículos en Toronto en abril de 2018. Sin embargo, no hay antecedentes de terrorismo organizado de derechas en Canadá, aunque los grupos de extrema derecha son cada vez más activos y algunos tienen vínculos con Estados Unidos. Estos incidentes indican que la amenaza de estos grupos podría estar aumentando, en medio de una creciente red y movilización en línea de la derecha. Por otra parte, las redes terroristas de extrema izquierda y etnonacionalistas de Quebec han sido ampliamente desmanteladas desde los años 70 y ya no suponen una amenaza significativa. Otra actividad son los incidentes de bajo nivel protagonizados por activistas medioambientales y antiglobalización, cuyo riesgo aumentará ligeramente debido a la resistencia a los proyectos energéticos y a la acción de los miembros del movimiento Extinction Rebellion.

Canadá ocupa el puesto 6 de 163 en el Índice de Paz Global de 2020 del Instituto para la Economía y la Paz.

Cibernético

Canadá se encuentra actualmente entre los países más ciber-atacados del mundo, según el mapa de ciberamenazas de Kaspersky

Las organizaciones que operan en sectores críticos de Canadá se enfrentan a una gran amenaza proveniente de operaciones cibernéticas sofisticadas con base en el extranjero y de operaciones de actividad cibercriminal. Las unidades de Amenazas Persistentes Avanzadas (APT, por sus siglas en inglés), altamente capacitadas y vinculadas a una serie de estados, han atacado principalmente a organizaciones gubernamentales canadienses, así como al sector financiero, de IT y telecomunicaciones, de educación, y aeroespacial y de defensa.       
La mayoría de los ataques han sido operaciones de espionaje, probablemente destinadas a recopilar información estratégica relacionada con la seguridad bilateral y multilateral de Canadá, así como con su presencia diplomática, en particular en la OTAN, la ONU, el G20 y el G7. Las operaciones dirigidas a empresas privadas han tenido como objetivo la obtención de propiedad intelectual, como por ejemplo datos de investigación y desarrollo u otra información comercialmente sensible.

Las formas más comunes de ciberdelincuencia que afectan a las organizaciones y los usuarios incluyen: el fraude financiero, el robo y el uso indebido de datos personales y credenciales de usuario, y las infecciones de ransomware.

Varios grupos de malware sofisticados, como Evil Corp, Trickbot y Mealybug, han llevado a cabo fraudes financieros, extorsiones y robos contra organizaciones en Canadá, por ejemplo, aprovechando la red de bots Emotet. Estos grupos se han centrado principalmente en el sector financiero, incluidos los bancos, las compañías de seguros u otras empresas que forman parte de las cadenas de suministro del sector, pero también en los sectores canadienses de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, la administración pública, la industria manufacturera, la sanidad y la tecnología.

Las organizaciones canadienses se ven cada vez más afectadas por ataques de ransomware selectivos y costosos.

Salud

No se requiere ninguna vacuna para entrar en el país.

El cáncer y otras enfermedades crónicas importantes como las cardiovasculares; los trastornos neurológicos y la diabetes siguen siendo las principales causas de muerte entre todos los canadienses.

Canadá ocupa el puesto 5 de 195 en el Índice de Seguridad Sanitaria Global de 2019, un proyecto de la Iniciativa contra la Amenaza Nuclear (NTI) y el Centro Johns Hopkins para la Seguridad Sanitaria (JHU), elaborado con la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU).

Natural

El clima de Canadá varía según la región. En el sur, los veranos son calurosos y secos, y los inviernos fríos pero a menudo soleados entre tormentas de nieve. Las temperaturas más suaves vuelven en marzo-abril. Durante los meses de mayo, junio y septiembre los días son calurosos pero las noches son frescas. El clima más frío vuelve en noviembre. En el oeste, a lo largo de la costa del Pacífico, el clima es suave y húmedo; los inviernos son muy lluviosos y las temperaturas son agradables en verano. El este experimenta veranos calurosos e inviernos fríos. En las Montañas Rocosas, las condiciones son frescas, secas y soleadas en los meses de verano.

Debido a que Canadá es vulnerable a una serie de riesgos naturales, los viajeros deben tomar ciertas precauciones en función de la estación en la que planeen visitar el país.

Desde el final del otoño hasta la llegada de la primavera, las grandes tormentas de nieve y las temperaturas bajo cero pueden provocar trastornos en el transporte y la vida cotidiana en todo el país. Sin embargo, los gobiernos y las poblaciones locales están bien equipados y tienen experiencia para hacer frente al clima invernal. Las previsiones locales están disponibles en el sitio web de Weather Canada. 

De mayo a septiembre, los tornados pueden afectar a las regiones centrales, especialmente en el sur de Ontario (25 al año de media), Alberta (diez), el sureste de Quebec (seis) y Saskatchewan (14), con un pico de tormentas en junio y julio. Se puede obtener más información en el sitio web de Medio Ambiente y Cambio Climático del gobierno canadiense. 

Las tormentas tropicales y sus remanentes pueden azotar el noreste del país (por ejemplo, Nueva Escocia, Nuevo Brunswick, Terranova). La temporada de huracanes del Atlántico Norte se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre. Consulte la página web del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos para obtener información sobre las tormentas tropicales. 

En Canadá se producen anualmente incendios forestales en verano que pueden interrumpir los viajes, las comunicaciones y la infraestructura eléctrica. En las provincias de Alberta y Saskatchewan se produjo un gran incendio forestal en mayo-junio de 2016, que obligó a evacuar Fort McMurray (Alberta) y provocó la suspensión de los vuelos en el aeropuerto de la ciudad (YMM) durante varios días. El incendio destruyó más de 2000 edificios en Fort McMurray y en total afectó a 590.000 hectáreas de terreno.

La provincia de Colombia Británica y el territorio de Yukón (oeste) están situados en una zona sísmica activa. También existe el riesgo de que un tsunami golpee la costa de Colombia Británica en caso de un terremoto en alta mar.

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