La República Dominicana es una república democrática presidencialista: el presidente es el jefe de Estado y de gobierno, y es elegido directamente para un mandato de cuatro años. Los presidentes en ejercicio pueden ser reelegidos hasta dos mandatos. Actualmente, este cargo lo ocupa Luis Abinader, del Partido Revolucionario Moderno (PRM), quien fue elegido el 5 de julio de 2020, en sustitución de Danilo Medina, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Estas elecciones han supuesto el fin de 16 años de gobierno del PLD. El Congreso Nacional es bicameral, compuesto por la Cámara de Diputados (cámara baja) y el Senado (cámara alta), cuyos miembros son elegidos directamente cada cuatro años. El partido de Abinader, el PRM, también obtuvo la mayoría en ambas cámaras del Congreso. El país está dividido en 31 provincias más el Distrito Nacional (DN), donde se encuentra la capital, Santo Domingo. Estas provincias se dividen en 158 municipios y 232 distritos municipales.  

Es probable que la estabilidad política y el ambiente favorable a los negocios continúen bajo el gobierno de Abinader. Las instituciones democráticas se han consolidado considerablemente desde mediados de la década de 1990, tras una larga historia de autoritarismo y violencia por motivos políticos. Sin embargo, el problema de la corrupción, ampliamente extendido en el país, afecta también al nivel político. Las principales prioridades del nuevo gobierno son la mejora de las infraestructuras de transporte y energía, así como la atracción de la inversión extranjera a los sectores del turismo (principal sector económico) y la minería. La República Dominicana es la mayor economía del Caribe, y también mayor que todas las economías de Centroamérica. De hecho, fue la tercera economía que más creció en América Latina y el Caribe, con una tasa de crecimiento del 5,1% para 2019. Esto ha sido consecuencia de una serie de gobiernos ampliamente favorables a la inversión desde, al menos, el año 2000, los cuales han favorecido la IED (especialmente de Estados Unidos), una mayor transparencia en el sector extractivo (principalmente para la minería) y el crecimiento del sector servicios, especialmente el turismo.

Sin embargo, la COVID-19 ha golpeado fuertemente sus perspectivas económicas, especialmente si tenemos en cuenta su dependencia económica del sector turístico. Según el FMI, la economía de la República Dominicana se contrajo un 6,7% en 2020, mientras que para 2021 se espera un crecimiento del 5,5%. El gobierno implementó una serie de medidas destinadas a frenar la propagación del COVID-19, que incluyeron un toque de queda en todo el país y el cierre de fronteras. En mayo de 2020 se inició una desescalada gradual de las medidas de contención, aunque es probable que durante 2021 continúe un cierto nivel de interrupción de las operaciones, teniendo en cuenta la situación actual de incertidumbre. Las proyecciones de COVID-19 pronostican una tendencia decreciente en el número de contagios en el país, después de experimentar un ligero pico a finales de abril de 2021 (IHME). Siguen vigentes en el país diferentes restricciones y regulaciones, como el toque de queda, el distanciamiento social y el uso obligatorio de la máscara en determinados lugares. A pesar de algunas restricciones, las fronteras de la República Dominicana siguen abiertas, incluso para el turismo. 

Los inversores se enfrentan a una serie de riesgos operativos, a pesar de que el país es uno de los principales receptores de IED en la región del Caribe y Centroamérica. La corrupción generalizada a todos los niveles obstaculiza la facilidad para hacer negocios en el país.  La ausencia de un conjunto de normas claras y estandarizadas para la competencia y la falta de aplicación de las normas existentes siguen siendo un problema. Además, la delincuencia representa la amenaza más importante para las empresas y el personal extranjeros. El gobierno ha tenido un éxito limitado en la lucha contra la delincuencia, especialmente en los principales centros urbanos, como la capital, Santo Domingo, y Santiago de los Caballeros (provincia de Santiago).

La gestión de la burocracia, el efecto de la propagación del virus de la enfermedad del coronavirus y los cortes de electricidad son los principales riesgos que afectan a las empresas, siendo también los principales retos para el país. Es probable que las comunidades locales organicen protestas antigubernamentales por la percepción de corrupción o que exijan una bajada de los precios del combustible, el fin de los cortes de electricidad y una mayor inversión en servicios básicos como la sanidad, el suministro de agua, la educación y la gestión de residuos. 

Se espera que las remesas, principal fuente de divisas de la República Dominicana, mitiguen las posibles pérdidas de ingresos derivadas de la caída del turismo por el miedo a viajar derivado de la propagación del virus.  Además, es probable que las políticas fiscales y monetarias expansivas para hacer frente al COVID-19 sostengan parcialmente la actividad económica.

Político

En general, la República Dominicana es políticamente estable. Las instituciones democráticas se han ido consolidando gradualmente desde mediados de los años noventa, aunque persisten importantes retos. El país sigue teniendo un déficit democrático, con una corrupción generalizada (uno de sus principales problemas), redes clientelares y falta de medios de comunicación verdaderamente independientes.

El país tiene una postura favorable a las empresas que ha contribuido a que las tasas de crecimiento económico sean de las más altas de América Latina en los últimos años. La inversión extranjera directa (IED) es uno de los principales motores de la expansión económica, sobre todo en el sector turístico. Es probable que la apertura económica continúe con el nuevo gobierno. Las diferencias ideológicas son mínimas entre los tres principales partidos, todos los cuales adoptan una postura favorable a las empresas que probablemente no cambiará en las siguientes administraciones. Sin embargo, el gobierno sigue siendo propenso a intervenir y a tomar decisiones discrecionales en algunos sectores. El gobierno tiene un gran interés en resolver los problemas energéticos.

Se espera que la estabilidad política no cambie durante el mandato de Abinader. Sin embargo, pueden surgir tensiones en caso de se lleve a cabo una política anticorrupción laxa, o en caso de casos de corrupción que impliquen a funcionarios del partido gobernante. Es poco probable que se tomen medidas para reducir los altos niveles de clientelismo político y controlar el uso excesivo de fondos públicos durante las campañas electorales, dado que los principales partidos y las élites asociadas a ellos se benefician del status quo. La corrupción parece que seguirá siendo uno de los mayores retos del país.

Son pocas las diferencias ideológicas entre los principales partidos políticos, que siguen siendo en gran medida favorables a las empresas y abiertos a la inversión. Además, el bloqueo legislativo impedirá que se aborden las lagunas normativas que afectan a sectores importantes, en particular la energía y la minería. 

Respecto a sus relaciones extranjeras, las tensiones con Haití continúan su larga historia de animosidad, que se remonta a la ocupación de la República Dominicana por parte de Haití en 1822-24. Haití es mucho más pobre que la República Dominicana, por lo que muchos haitianos cruzan ilegalmente la frontera en busca de trabajo, normalmente en el sector agrícola. A menudo son detenidos y deportados. Las ONG, las organizaciones multilaterales y las autoridades haitianas se quejan a menudo de supuestos malos tratos tanto a los inmigrantes indocumentados como a los dominicanos de ascendencia haitiana.

La República Dominicana está considerada como una democracia defectuosa en el Índice de Democracia 2020, elaborado por la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU), donde el país ocupa el puesto 61 de los 167 países puntuados.

El país ocupa el puesto 88 en el Índice de Desarrollo Humano 2020 elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Operativo

Aunque el país es uno de los principales receptores de IED en la región del Caribe y Centroamérica, los inversores tiene que hacer frente a una serie de riesgos operativos. Los principales ejemplos son la ineficiencia de la burocracia, la corrupción generalizada y la actual propagación del virus COVID-19. La corrupción es endémica en las instituciones públicas, incluida en la burocracia gubernamental, el poder legislativo y los gobiernos municipales. Los procesos de licitación suelen carecer de transparencia, mientras que el gobierno elige a dedo a los contratistas para las obras y compras públicas. El gobierno aplicó una serie de medidas destinadas a frenar la propagación del COVID-19. Por lo tanto, es probable que durante el próximo año se mantenga cierto nivel de interrupción operativa en las empresas debido a las medidas relacionadas con la pandemia y la incertidumbre asociada a esta.

Las infraestructuras de turismo, transporte y telecomunicaciones se comparan en general con las de otros países en desarrollo, pero las redes de generación y distribución de energía están por debajo de los estándares regionales. Los cortes regulares de electricidad siguen causando importantes trastornos, lo que hace necesaria la generación privada de reserva de emergencia que eleva los costes de las empresas y de la vida, siendo el sector energético poco fiable y necesitado de reformas. Dada la situación geográfica del país, el sistema de infraestructuras también es vulnerable a los daños causados por los huracanes y las tormentas tropicales. Además, hay que mencionar que el país presenta escasez de mano de obra cualificada. 

Hay que señalar que la República Dominicana tiene la mayor tasa per cápita de accidentes de tráfico mortales de América Latina, que asciende a casi 30 muertes por cada 100.000 habitantes al año. Esto se debe en gran parte a los hábitos de conducción erráticos, a la no aplicación de las leyes de tráfico y al mal mantenimiento de las carreteras. Es aconsejable evitar conducir uno mismo siempre que sea posible, sobre todo por la noche.

Por razones de seguridad similares, también se aconseja abstenerse de utilizar el transporte público; lo mejor es viajar en taxis con licencia o coches con chófer.

Las aerolíneas que prestan servicio en la República Dominicana suelen cumplir las normas internacionales de seguridad, excepto Insel Air.

Tenga en cuenta que los controles policiales son habituales. Conduzca siempre con la documentación de identificación adecuada (por ejemplo, pasaporte y visado, si es pertinente) y la información de la matrícula del coche.

En general, la República Dominicana ocupa el puesto 115 de 190 países calificados en el Índice Doing Business 2020 del Banco Mundial y el 137 de 198 en el Índice de Percepción de la Corrupción 2020 de la organización Transparencia Internacional.

Seguridad

La delincuencia representa la amenaza más importante para las empresas y el personal extranjeros, con graves niveles de delitos violentos. El gobierno ha tenido un éxito limitado en la lucha contra la delincuencia, especialmente en los principales centros urbanos, como la capital, Santo Domingo, y Santiago de los Caballeros (provincia de Santiago). La persistencia de altos niveles de desigualdad socioeconómica, la fácil disponibilidad de armas de fuego de contrabando desde Estados Unidos y la ineficacia de las fuerzas de seguridad hacen que sea poco probable que se produzcan mejoras significativas a corto plazo. Las iniciativas de lucha contra la delincuencia han consistido principalmente en operaciones policiales a corto plazo dirigidas a la pequeña delincuencia, que no han producido una mejora considerable de la situación de seguridad, ya que los problemas de corrupción también afectan a las perspectivas de seguridad. 

La infrafinanciación y la falta de formación de las autoridades encargadas de hacer cumplir la ley contribuyen en gran medida a la falta de mejora de la situación de la seguridad; la Policía Nacional (PN) sigue sin tener personal ni equipamiento suficientes. La mayor parte de la delincuencia tiene lugar en las zonas de bajos ingresos, aunque está aumentando en las zonas más acomodadas de los centros urbanos. Sin embargo, la gran mayoría de los incidentes son oportunistas. Hay delincuentes organizados, principalmente representantes de los cárteles sudamericanos y de las bandas con base en Puerto Rico, ya que la isla de La Española está situada en las rutas de tráfico de drogas de sur a norte. Sin embargo, están mucho menos organizados y extendidos que sus homólogos de México o Centroamérica.

La tasa de homicidios ha experimentado una tendencia a la baja desde 2011.  La mayoría de los asesinatos tienen lugar en zonas periféricas y la mayoría de las víctimas son locales. La policía relaciona las altas tasas de delitos violentos con la creciente influencia del tráfico de drogas, en particular con la expansión del consumo interno. Aunque es poco probable que los delincuentes tomen como objetivo a los extranjeros, cada año son asesinados varios ciudadanos extranjeros, normalmente durante intentos de robo fallidos. 

Es muy poco probable que la delincuencia violenta y relacionada con las drogas suponga grandes limitaciones operativas para los inversores y los ciudadanos extranjeros. La capital, Santo Domingo, ha registrado los mayores índices de delincuencia del país en los últimos años, especialmente en los barrios marginales de la periferia de la ciudad y sus alrededores, como el Barrio Puerto Rico, Cristo Rey, Ensanche Capotillo, Guachupita, Gualey, La 17, La Barquita, Los Guandules, Los Minas, Simón Bolívar, Villa Duarte y Villa Mella. El principal riesgo para los visitantes es la pequeña delincuencia, que incluye el carterismo y el robo de bolsos. El aumento de los robos y asaltos violentos ha llevado a un incremento de la seguridad privada, especialmente en las zonas frecuentadas por los turistas.

Se espera que las comunidades locales organicen protestas para exigir el fin de los cortes de electricidad y una mayor inversión en servicios básicos como el suministro de agua, la sanidad, la educación y las infraestructuras básicas, especialmente cuando el virus COVID-19 golpea el país. Las protestas suelen consistir en bloqueos de carreteras, que duran menos de 48 horas, y provocan daños materiales limitados contra los bienes del gobierno, pero también es probable que se produzcan saqueos a medida que se intensifica la escasez por el COVID-19. Es probable que el movimiento anticorrupción Marcha Verde siga organizando marchas pacíficas en la capital, Santo Domingo, en las que participarán más de 10.000 personas. Sin embargo, las manifestaciones suelen ser pacíficas y, a lo sumo, provocan interrupciones temporales del tráfico en zonas localizadas de los principales centros urbanos. 

La República Dominicana no tiene conflictos fronterizos terrestres con la vecina Haití ni conflictos fronterizos marítimos sin resolver con ningún otro país. Por lo tanto, la probabilidad de una guerra interestatal es baja. Las relaciones con Haití son problemáticas debido al gran número de haitianos empobrecidos que intentan cruzar ilegalmente los 400 km de frontera, escasamente patrullados, y a un creciente mercado negro en varios puntos de la frontera dominico-haitiana. El número de migrantes aumentó tras el terremoto de enero de 2010 que destruyó gran parte de la capital haitiana, Puerto Príncipe, y en los posteriores periodos de crisis política. Para controlar la afluencia de migrantes, la República Dominicana ha estacionado tropas a lo largo de la frontera compartida.

El riesgo de terrorismo es bajo y no se conocen grupos terroristas organizados que operen en el país. Los incidentes más recientes en el país, perpetrados por el desaparecido grupo de izquierda Resistencia Popular Duartiana, fueron todos de pequeña escala y no causaron víctimas. Estos incidentes incluyen: un tiroteo en 2013 contra la oficina de un alcalde en San Francisco de Macorís; un ataque con un artefacto explosivo improvisado en 2011 contra una planta de energía de Gas Natural Fenosa en La Vega; y un tiroteo en la oficina de un senador en San Francisco de Macorís en 2013.

En general, la República Dominicana ocupa el puesto 76 de 163 en el Índice de Paz Global 2020 del Instituto para la Economía y la Paz.

Cibernético

La República Dominicana no se encuentra actualmente entre los países más ciber-atacados del mundo.  Según el mapa de ciber-amenazas de Kaspersky, ocupa el puesto 116 de los países más ciber-atacados. 

Salud

No se requiere ninguna vacuna para entrar al país. 

La republica Dominicana ocupa el puesto 91 de 195 dentro del Índice de Seguridad Sanitaria Global 2019, un proyecto de la Iniciativa contra la Amenaza Nuclear (NTI) y el Centro Johns Hopkins para la Seguridad Sanitaria (JHU), elaborado con la Unidad de Inteligencia de The Economist (EIU).

Natural

La temporada de huracanes dura del 1 de junio al 30 de noviembre, y las fuertes lluvias de las tormentas tropicales suelen provocar inundaciones y corrimientos de tierra. El huracán Isaac dejó cinco muertos en agosto de 2012; en agosto de 2011, el huracán Irene provocó la evacuación de 32.000 personas y causó al menos cuatro muertes. Los huracanes Irma y María pasaron cerca de la isla en septiembre de 2017, pero ninguno causó daños significativos.

La República Dominicana está dentro de una zona sísmica activa y, en consecuencia, es susceptible de sufrir terremotos.

Si tiene previsto visitar la República Dominicana, manténgase informado por el Centro de Operaciones de Emergencia de la República Dominicana.

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